martes, 31 de agosto de 2010

FUNDACIÓN DE TIAHUANACO Cuento mitoógico aymara

Fundación de Tiahuanaco

Cuento mitológico aymara

Rodolfo Acosta Castro

Las sombras de la noche estaban cerca, las nieves eternas en los gigantes Illi-mani y Mururata resplandecían como enormes joyas ubicadas como límite del altiplano, más al fondo del horizonte se destacaba el Illampu . La desolada pla-nicie, silenciosa con sólo el gemir del viento frío que llegaba desde el Titicaca, alguno que otro leqheleqhe, buitre, surcaba el cielo, cuyo azul se iba oscure-ciendo lentamente.

Las figuras de los hombres y mujeres que caminaban detrás de sus llamas, al-gunas alpacas y también vicuñas, iban dejando a su paso sombras cada vez más alargadas, sobre el duro piso que servía de senda, mil veces cruzada por infinidad de llameros, comerciantes que utilizaban la llama como medio de transporte. Era una comitiva que se desplazaba a buen paso y casi en silencio, pocas palabras intercambiaban los viajeros. A la cabeza caminaba un anciano, apoyado en un cayado de madera yungueña, originaria de los yungas. Un am-plio poncho cubría la espigada figura de quien parecía abanderado del grupo, a sus lados dos robustos jóvenes, parecían cubrir los flancos del viejo, también vestían sendos ponchos de color negro con anchas líneas rojas, marcando su tamaño. Gruesos llhuchos, gorros de lana, arropaban hasta las orejas y cubrían las cabezas de esta vanguardia, sus piernas sólo visibles desde debajo las rodi-llas, se movían cadenciosas, calzados sus pies con livianas hojotas, sandalias, fabricadas con el delgado cuero de las llamas. No llevaban armas de ninguna clase, ni adornos en cuellos, muñecas, tobillos u orejas. El anciano trasuntaba magnifica dignidad, una actitud resuelta era guía de sus pasos, señera la frente irradiaba carácter y personalidad notables, dignas de ser iluminado que marcha en pos del futuro, busca el porvenir que considera augusto.

No parecían sentir fatiga alguna, quienes conformaban la comitiva, su paso rít-mico mostraba a gentes acostumbradas a largas caminatas, a llameros habitua-dos a trasladarse por todo el altiplano, como prósperos comerciantes entre la puna, valles y yungas. El equipaje de todo viajero, cargado en las espaldas de cada dueño, era ligero especial para largas jornadas, sólo transportaban ali-mento seco: chuño, con mote y trozos de charque de carne de llama. Cuatro de la veintena de viajeros, cargaba una jackallachi, vejiga de auquénido, converti-do en eficaz odre con agua cristalina, recogida en manantiales de la sima de las montañas.

Cuando sólo la luz de la luna, alumbraba la senda seguida por los infatigables caminantes, el anciano que les dirigía levantó la mano derecha; ante la señal dada todos detuvieron la marcha y formando rectángulo se despojaron de las cargas de sus espaldas y las ubicaron delante de ellos, cual cuerpo de baile que prepara una gala. Sin apresuramiento abrieron los fardos y extrajeron, inicial-mente sus taris, tapetes, luego pequeños cuencos de cerámica y chuas, platos, con alguna hendidura, del mismo material. Finalmente, salieron las cshuspas, bolsas, conteniendo sus alimentos. Juntaron los taris para formar un solo man-tel estirado sobre el suelo, donde cada cual derramó parte de sus cshuspas. La mesa del aptapi, cena, estaba servida, con los cuencos como copas y los conte-nedores de agua pasando de mano en mano.

Con sobriedad admirable, comenzó el festín, escuchándose palabras e inclusive algunas risas, sin llegar a las carcajadas. Parecía un grupo asexual porque no se hacía distinciones entre hombres y mujeres, todos parecían iguales sin privi-legio de nadie, seguían la norma llamera de respeto a la mujer, mientras durase el viaje, aunque sin reconocerle consideración ni atención especial. Sin embar-go, muchos romances surgían entre los jóvenes, iniciados por los muchachos como siempre, con el lanzamiento de una pequeña piedra, al cuerpo de mucha-cha que les atraía. La relación tan informalmente establecida, podría culminar instaurando un sirviñacu, convivencia prematrimonial, para la pareja.

Con la misma sencillez que habían tomado alimento, recogieron las cshuspas y los taris, casi todos se ocuparon de reunir en un solo cono, los huesos desecha-dos, mismo que fue colocado en el sitio donde había estado el aptapi, dejaban estas sobras para alimento de los kamakes, zorros, que con seguridad llegarían a ese lugar. Después formaron círculo para calentarse en la hoguera que con mucha paja brava que reunieron algunos miembros del séquito, fuesen mujeres o varones.

El anciano, cuya presencia hasta entones pasó desapercibida, les dirigió la pa-labra remarcando que cumplían un mandato del dios Lupi, Sol y de la diosa Qhespi, Luna, para encontrar el sitio donde el calor de la hoguera derretiría el interior de la tierra, para hacer brotar kholque, plata, en forma de pequeño cauce de agua y señalar el lugar donde debía erigirse la ciudad de Tiahuanaco, que sería el centro, el ombligo, de la cultura aymara, desde donde se irradiaría el culto a los dioses collas, para bendecir la implantación del ayllu, como fun-damento de la organización social de los seres humanos.

Los miembros del cortejo escucharon la palabra del achachi, hombre mayor, con unción religiosa, al terminar la arenga abrazó a cada uno de los caminantes y estos, a su vez, empezaron a estrechar entre sus brazos a todos y cada uno de sus compañeros de marcha, pronunciando muy pocas palabras, entre las que se distinguía: ¡Jallalla Lupi, Jallalla Qhuepi!, ¡Viva el Sol, Viva la Luna!

Luego, siempre formando círculo alrededor de la hoguera, se enrollaron en sus gruesos ponchos antes de acostarse para pasar la noche, alumbrada por los rayos de plata de una luna plena.

Muy temprano, al siguiente día, fueron despertando para recoger combustible para una nueva hoguera para, en ollas de tierra cocida, hervir api, mazamorra de maíz morado, que les sirvió de desayuno junto con maíz gris tostado. Los mismos cargadores de los jackallachis fueron quienes prepararon este desayu-no, extraído de segundas bolsas que portaba cada uno.

El achachi, siempre acompañado por sus dos jóvenes custodios, había observa-do cuidadosamente las cenizas de la hoguera apagada. Al no encontrar vesti-gios de plata, ordenó proseguir la marcha, siempre con dirección al norte. Esta rutina fue observada religiosamente durante el ciclo de la luna, con treinta días con sus noches, hasta que cuando ya se divisaba en el horizonte las aguas del Lago Titicaca, una mañana debajo las cenizas el anciano encontró fundida una porción de reluciente plata, sin demostrar exagerada alegría ni tampoco aspa-viento, reunió al séquito en círculo y comunicó la buena nueva, habían encon-trado el lugar para fundar la ciudad sagrada y capital aymara: Tiahuanaco.

El achachi emocionado hizo saber que en ese sitio se construirían dos centros dominantes, un conjunto de edificios que recibiría el nombre de Akapana y el otro Puma-punku situado al sudoeste. El centro al entorno de Akapana com-prendería los siguientes edificios: una pirámide, un Templete Semisubterráneo, Kalasasaya, Kantataita, Putuni y Keri-kala.

La pirámide Akapana con pataca pusitunca chachanaca, ciento cuarenta medi-das de un varón adulto, de este a oeste y pataca quinsakhalkho chachanaca, ciento ochenta medidas de varón adulto, de norte a sur, con altura de tunca pheskhani chachanaca, quince medidas de varón adulto, estaría orientada a los puntos cardinales y su planta asumiría forma escalonada, con un patio hundido en su interior. Sobre el lado oriental estaría la escalinata principal de la pirámi-de, señalando el nacimiento de Lupi, Sol, formada por phakhalkho, siete, plata-formas sucesivas delimitadas por muros de contención compuestos por pilares asentados por su peso y trabados lateralmente, entre los que se levantaría un lienzo de sillar. En el lado oeste habría otra escalinata menor, señalando la puesta de Lupi, Sol. Desde el vértice de Akapana sería posible ver el Illimani al este y el lago Titicaca al oeste, como grandes huacas, sitios sagrados, a ser venerados por los tiahuanacotas. La pirámide Akapana, tendría carácter de una montaña sagrada o huaca que prefiguraría las montañas como fuente del agua vital, con deshielos necesarios para los cultivos. El patio central descubierto ten-dría la finalidad de recoger el agua pluvial y estaría conectado a una serie de canales que desaguarían en las diferentes plataformas. Toda la superficie esta-ría cubierta por una grava verdosa que daría coloración a la pirámide. Al pie de Akapana, se ubicarían mesas destinadas a los sacrificios propiciatorios de ani-males y hojas de coca, construidas para la consagración de la pirámide.

El Templete Semisubterráneo estaría formado por un patio rectangular hundido, delimitado por cuatro muros de contención en los que empotrarían cabezas cla-vas mostrando diferentes estilos arquitectónicos para representar los diferentes pueblos que estarían sujetos a Tiahuanaco, un estado multiétnico. Se accedería al Templete por una escalinata situada al lado sur del muro y en su interior es-taría depositado un monolito con altura de phakhalkho, siete, unidades de me-dida.

Kalasasaya será un edificio con una plataforma y un patio interior al que se ac-cederá por una gran escalinata orientada a la salida del sol. El interior del patio estaría embaldosado y contaría con 14 recámaras cuadrangulares dispuestas a los costados que serán los mausoleos de los señores de Tiahuanaco. Al centro se hallaría otro monolito de quimsa chachanaca, tres unidades de medida de altura. En la misma plataforma se encontraría el monolito denominado el Fraile, que es importante por mostrar cangrejos en la cintura; lo que testifica las rela-ciones de Tiahuanaco con la costa del océano. La plataforma del Kalasasaya quedará limitada en el lado este por un gran muro formado por once pilares monumentales.

Dentro del Kalasasaya estaría la Puerta del Sol, pieza monolítica para ser utili-zada como punto de observación del inicio del año aymara en el solsticio de invierno y obra más representativa de la cultura Tiahuanaco. Tendrá un vano a manera puerta. El anverso se decorará con un friso con una figura central con la cabeza radiada y cetros en las manos, sendas cabezas cortadas colgando de los codos. Treinta figuras antropomorfas aladas, dispuestas en tres filas, esta-rán a ambos lados del personaje principal; en la fila del medio las figuras ten-drán cabeza de cóndor. La Puerta del Sol tendrá significado relativo a la identi-dad del personaje central, el dios creador andino cuyo antiguo nombre era Tu-nupa dios los fenómenos atmosféricos y geotectónicos y relacionado con el fue-go, en cierta manera con características similares a las del dios del rayo de los aymaras llamado lllapa. Con el tiempo Tunupa fue supeditado al dios Viracocha que era el nombre que los incas dieron a Tunupa. Se lo presentó como un en-viado de Viracocha. El reverso de la Puerta del Sol mostrará dos nichos a los costados y otros menores a la manera de friso en la parte alta; las jambas de la puerta serán escalonadas.

Al este de Akapana estará el conjunto de Kantataita; allí habrá una maqueta arquitectónica tallada en piedra, mostrando un edificio similar a Kalasasaya. Hacia el lado este de Kalasasaya estará el edificio llamado Putuni que será el palacio o residencia de los señores tiahuanacotas. Constará de patio central al que se accederá por una escalinata policroma situada en el lado este. El patio estará rodeado de habitaciones.

Junto al Putuni estará situado el Palacio Multicolor nombre que recibirá debido a las pinturas que cubrirán muros y pisos, todos ellos pintados con tierras minera-les: rojo-naranja de cinabrio, mineral de mercurio, verde de malaquita y azul cobalto.

Algo más retirado estará el Kerikala que también tendrá un patio central rodea-do de habitaciones, pero será de adobe y mucho más sencillo. También en este sector se encontrará la llamada Puerta de la Luna.

El conjunto de Puma-punku se encontrará a paya waranka chachanaca, dos mil unidades de medida, de Akapana y se supone que entre ambos estarán los di-ferentes barrios, para albergar a más de pataca waranka tatanaka, mamanaka, cien mil personas. El edificio principal se situará sobre una plataforma en U sus-tentada sobre muros continuos de piedras finamente pulimentadas. Se ubicarán en su patio central hundido, respecto a la estructura que presentará dos alas o apéndices laterales sobre el lado oeste. El edificio interior, será de piedra tanto en su piso formado de grandes piezas monolíticas, como en sus muros, venta-nas, puertas y techos, estos últimos imitando la paja. El piso del edificio tendrá tres bloques, para señalar los sitios de las recámaras. Las piezas estarán unidas con grampas de bronce.

El bloque mayor pesará cerca de pataca quimsatunca kallana, unidades de peso igual a patakha quimsatunca 130 toneladas; se estima que se necesitarán dos mil hombres para trasladarlo, lo que habla muy claro respecto al régimen social, inevitablemente duro y organizado, que permitirá sincronizar la fuerza de tan grande masa humana, buena parte de la cual debió dedicarse a levantar la formidable ciudad. Posiblemente, en Puma-punku estaría la Puerta del Sol y allí quedarían los restos de tres puertas más. Mucho más simples en su decoración.

Finalmente, la actividad expresada en la cosmovisión andina, que se realizará año tras año, ―dijo el anciano a los miembros de su séquito―, alcanzará ma-yor importancia al integrar otras culturas del viejo continente, con la consigna de vivir en armonía con la naturaleza, de mantener el equilibrio para proteger al planeta.

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